No me di cuenta de lo increíble y bella que soy hasta que…
Sé que talvez
suena demasiado egocéntrico pero sólo quiero hablar un poquito del amor que
debí haberme tenido siempre...no sólo ahora.
La mayor
parte de mi vida creí que era importante lo que la sociedad pensará de mi.
Tuve una niñez hermosa gracias a mi bella familia.
Pero empecé a crecer...tenía trece años, quería ser delgada como mis compañeras de la escuela y la gente que tenía este tipo de cuerpo a mi alrededor.
¡No podía aceptarme!
Yo tengo un cuerpo bonito con curvas, busto mediano, cadera grande con una cintura pequeña en comparación a esta. (como te lo describo no suena nada
mal, ¿verdad?)
Pero en ese
momento, el ideal de belleza que yo creía que necesitaba era el que estaba en las revistas de moda que leía
en ese momento (delgado con un abdomen plano), ¡yo quería ese cuerpo y no el mío! Así que comencé a vomitar, cuando comía las cosas que engordaban y que eran “malas
para mi” y también a omitir ciertas comidas. Tuve bulimia durante 4 años de mi vida para tener mi cuerpo soñado y talvez esto freno un poco mi
crecimiento, pero eso nunca lo sabré.
Después de ese tiempo, llegó un momento de ansiedad en mi vida y engordé todo lo que vomité. Así continuo mi vida, dejaba de comer un poco para poder adelgazar y luego engordaba.
Tiempo
después, comencé a hacer una dieta estricta con unas pastillas que me hacían
sentirme tan mal que un día casi me desmayo, pero que eso no me importaba ¡me veía
hermosa!
Pero aunque me veía delgada y había logrado verme como quería... En el fondo, no me sentía así, me sentía insegura de saber que en cualquier momento podría recuperar mi peso. Esto no me preocupo, no pensaba en mi estado de salud ¿que tonto no? ¡lo que hice para lograr un cuerpo ideal! ¡lo que más debía importarme y sentirme bien!
Había conseguido un novio que no le importaba lo que
había adentro de mi, solo le importaba lo delgada que me veía y el cuerpazo que
tenía en ese momento a causa de las pastillas, osea una novia trofeo, a quien presumir (mientras estaba delgada)… Mi relación pasó por muchas
altas y bajas, en las cuales tuve varios
ataques de ansiedad y recuperé mi peso pérdido y aumentado. Un buen día esa persona me dijo que estaba gorda...en ese momento explotó algo dentro de mi.
Descubrí que me tenía que querer más yo, pero había pasado tanto tiempo preocupándome por como me veían los demás, que había olvidado a la persona que más importaba ¡me había olvidado a mí!
¡Hasta que
eso pasó aprendí a valorarme! Fue un golpe en lo que más me dolía, algo
por lo que había luchado y me había sacrificado
años enteros.
¿No tengo
el cuerpo ideal? el cuerpo ideal ¿Para quién? o ¿para qué?
Empecé a trabajar mucho en quererme a mi. Y alguien me ayudó de una forma muy linda en todo este proceso, mi amigo Javier. Tomándome unas fotos espectaculares con su celular, en donde me veía realmente bella y resaltaba todo lo bonito de mi figura, las facciones de mi rostro,
Entonces, él me preguntó porque no me había hecho unas fotos así antes, siempre me decía que solo tenia que darme cuenta lo bonita que era y creerlo.
Decidí, que tenía que celebrar que estaba empezando a aceptarme y a
quererme tal como era. Y la forma de hacerlo fue una sesión de fotos con un fotográfo
profesional.
Sin duda, el regalo más bonito que me he hecho. En cada toma, logré sentirme realmente
sexy, segura de mi y de mi cuerpo.
Ahora cada
que veo esas fotos, me doy cuenta de todo el tiempo que perdí odiando mi cuerpo
por tener otro que no necesitaba. Y para mi es un recordatorio, para cuando olvide poner los pensamientos de las otras personas sobre mi cuerpo, antes que los
míos.
He aprendido
que a la única persona que le debe importar esto es a mi. Lo importante es
aceptar mi cuerpo.
Aceptarme, tal cual soy: una chica con curvas, de cabello rizado y cara alargada.
Ya no me
interesa ser el ideal de belleza de nadie, simplemente quererme un poquito más cada día.
Cada cuerpo es bello a su manera.
Ingrid Rodríguez
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